Nuestras Islas Malvinas

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LAS MALVINAS SON ARGENTINAS

28.9.07

Movimientos Sociales en América Latina II

EL POPULISMO Y LAS LUCHAS NACIONAL-DEMOCRATICAS


El conjunto de movimientos sociales que surgen a lo largo de las primeras décadas del siglo XX, con base cultural propia, con proyectos propios, van a tener la oportunidad de aproximarse al poder en los años 30 y 40 con la formación de los gobiernos populares y populistas.

Estos gobiernos buscan apoyarse en esas bases populares y estructurar ese movimiento en el contexto de una gran lucha nacional democrática, integrando todas esas fuerzas sociales y culturales dentro de un movimiento de contenido nacional democrático que va solidarizarse con los movimientos anticoloniales afro-asiáticos después de la segunda Guerra Mundial, pero que ya había incorporado muchos puntos comunes dentro de los movimientos antiimperialistas de los años 20 hasta la Segunda Guerra Mundial. Los comunistas consiguieron colocar estos diversos movimientos dentro de una misma lógica nacional democrática en la medida en que avanzaba la lucha anticolonialista.
Después de la Primera Guerra Mundial, en la medida en que se van constituyendo gobiernos más próximos a estos movimientos, estos se van articulando más con los Estados nacionales. Un ejemplo claro de este proceso es el caso mexicano, que ya en los años 20 nos nmuestra como los movimientos campesinos y obreros se articulan al PRI (Partido de la Revolución Institucional), y al gobierno de la revolución mexicana.
La base social no son ya los inmigrantes, sino los obreros urbanos del proceso de industrialización de los años 20, este movimiento obrero va a tender hacia la ruptura con el movimiento anterior. En algunos lugares, como en el caso de Argentina, donde se presentará de manera más clara un cierto rechazo al antiguo movimiento obrero radical por parte del nuevo proletariado de origen campesino, migrante rural sin ideología. Este nuevo obrero va a aproximarse mucho más de los dirigentes del proceso de industrialización dando lugar a los llamados movimientos populistas: el peronismo en Argentina, el varguismo en Brasil, el propio caso mexicano, a pesar del carácter más radical del cardenismo, que se apoya en antecedentes más sólidos en base a la revolución mexicana. Pero el cardenismo es, en cierta forma, una expresión de la vinculación entre movimiento campesino y movimiento obrero y otros movimientos sociales, como el estudiantil, con los objetivos nacional democráticos. Durante los años 40 se empieza a consolidar el fenómeno del populismo. En el caso de Chile, durante el gobierno del Frente Popular, que era compuesto abiertamente por partidos de izquierda: el Partido Socialista, el Partido Radical de origen más democrático y los comunistas.
En esta fase el Partido Socialista chileno consigue absorber gran parte del movimiento obrero joven chileno y se aproxima a los comunistas. La unidad entre socialistas y comunistas se va a colocar sólo en los años 50, en un momento crucial en 1952, con la primera candidatura de Allende. En esta nueva fase se perfila también el movimiento revolucionario boliviano, que va a hacer converger los mineros y los campesinos en la lucha por la reforma agraria, la nacionalización de las minas, la formación de una democracia radical de masas. Todo esto fue posible a pesar de la desconfianza entre ambas partes. Los mineros siempre pensaron en una reforma agraria más basada en la propiedad colectiva de la tierra , mientras que los campesinos defendían la pequeña propiedad rural, y esto provocó diferencias que dividieron el movimiento de la revolución. Históricamente, en la década del 60 produjo una contra-revolución basada en el movimiento campesino e indígena, contra los mineros, que también se apoyaron en los obreros urbanos, produciéndose una ruptura entre la llamada alianza obrero-campesina. En el caso mexicano, campesinos y obreros continuaron básicamente dentro de la revolución mexicana, gran parte de la tierra fue colectivizada de forma que el movimiento campesino se mantuvo en una perspectiva relativamente socialista, a pesar de que el indigenismo mexicano procuró resaltar siempre los peligros de esa concepción colectivista considerada ineficiente, burocrática y autoritaria.
De esta manera, se definía el perfil nacional democrático como formador de la nueva clase obrera. Dependiendo de la capacidad de comunistas y socialistas de adoctrinarla en una perspectiva socialista, se hacía posible articular la cuestión nacional y el antiimperialismo que motivaban las luchas nacionales en el continente bajo la dominación del capitaismo norteamericano en expansión en el mundo, hasta convertirse en el centro hegemónico del sistema mundial después de la Segunda Guerra Mundial. La Alianza entre la Unión Soviética y los EE.UU. durante la Segunda Guerra Mundial, se prolonga hasta 1947 cuando la política de la Guerra Fria transforma los anteriores aliados en enemigos, a partir de este momento EE.UU. es transformado por los comunistas en enemigo de los trabajadores, mientras los servicios de inteligencia norteamericanos trabajan para romper las alianzas entre comunistas, socialistas y social cristianos que se habían implantado durante la Segunda Guerra Mundial. Al ponerse en evidencia el carácter imperialista de la política estadounidense que se había olvidado durante la Alianza Democrática antifascista, empieza a desarrollarse un nuevo frente antiimperialista que encuentra su punto más alto en Brasil a fines de los años 50, después del suicidio de Getulio Vargas amenazado de "impeachment" y en el gobierno Kubistchek-João Goulart. En este perído los comunistas, colocados en la ilegalidad en 1947, después de solo 2 años acción política legal, vuelven a hacerse semi-legales durante los primero 4 años de la década del 60, particularmente durante el gobierno de João Goulart, entre 1961 y 1964. En este momento la tesis de la unidad entre la burguesía nacional y el movimiento popular obrero-campesino-estudiantil se convirtió en un principio estratégico fundamental. Esta concepción ha sido sin embargo derrotada por los golpes de Estado, como el de 1964 en Brasil, el de Onganía en Argentina (1966), y nuevas experiencias militaristas como la de Hugo Banzer en Bolivia.
En esta misma época surgía una nueva realidad estratégica en América Latina. La declaración de Cuba como una República Socialista en 1962, en respuesta a la invasión de Bahía Cochino, introdujo en la región la cuestión del socialismocomo forma inmediata de transición hacia un nuevo régimen económico-social colectivista. Esta nueva experiencia pasó a influir sectores significativos de las fuerzas políticas de izquierda alcanzando su expresión más elaborada en el programa socialista de la Unidad Popular en Chile. Entre 1970 y 1973 se intentó, en este país, una experiencia absolutamente insólita: realizar una transición hacia un régimen de produccion socialista en condiciones de legalidad democrática. Esta experiencia introdujo una nueva dimensión en el movimiento obrero de la región y de todo el mundo.
La viloencia de la represión de los gobiernos militares impuesta en Chile y en otros países contrastaba con la experiencia de un gobierno militar nacional-democrático en Perú, iniciado en 1968 por Velasco Alvarado. El regreso de los peronistas a la legalidad en Argentina y su victoria aplastante en las elecciones de 1972 había generado pánico en las clases dominantes y en los centros de poder imperialista. Era el desastre total si se consideraba la eminente derrota de Estados Unidos en Vietnam. Más que nunca la represión y el terror estatal se desarrollaron hasta sus formas más radicales. No hay duda que el terror fascista inaugurado por Pinochet y profundizado por los golpistas argentinos llevó hasta el paroxismo la represión en la región.
A pesar de las huelgas de masas de los trabajadores de las grandes empresas agrícolas exportadoras - que sostuvieron a Sandino o impusieron la huelga de masas en El Salvador ­ el movimiento campesino solo vino a alcanzar una victoria significativa durante la revolución en Guatemala con Arbenz en 1952 y particularmente en la revolución boliviana cuando las milicias campesinas y mineras tomaron la dirección del país. En la década de los 50 se iniciaron las Ligas Campesinas lideradas por Francisco Julião en Brasil. En los años 60 la estrategia anti-insurreccional comandada por los militares estadounidenses absorbió finalmente la propuesta de una reforma agraria ordenada que se aplicó sobre todo en el Chile demócrata-cristiano bajo la presidencia de Eduardo Frei. Esta reforma agraria se hizo más radical, completa y profunda en los años 1970-73 bajo el gobierno de la Unidad Popular, teniendo como presidente Salvador Allende.
A lo largo de todos estos años, la reivindicación por la tierra estuvo en el centro de las luchas populares y de la alianza obrero campesina, con fuerte apoyo estudiantil y de sectores de la clase media urbana. Estas reivindicaciones llegaron hasta la Revolución Sandinista en Nicaragua. Se puede decir, sin embargo, que en las décadas de los 80 y los 90 el fuerte controlde las multinacionales sobre la producción agrícola en vastas regiones del continente cambió dramáticamente el sentido de la lucha campesina. Entre 1960 y 1990 se completó un proceso de emigración del campo a la ciudad que expulsó definitivamente vastas capas de pequeños propietarios agrícolas y consolidó la gran y mediana empresa agroindustrial, articuladas con las transnacionales agrícolas o manufactureras de productos agrícolas. Se desarrolla la figura del asalariado agrícola estacional y surge un nuevo movimiento campesino de carácter sindical, con pequeña presión sobre la tierra.
El caso brasileño es paradigmático: los "boias frías" (así llamados por la comida fría que llevan para sus precarias refecciones en un espacio agrícola ultra especializado y mecanizado) inundan las zonas rurales y solamente en la década del 80 resurge una demanda por tierra en la medida que aumenta el desempleo en las zonas rurales y pequeñas ciudades, generando una población desempleada que busca retornar a la tierra. De ahí surge el Movimiento de los Sin Tierra (MST) que presiona por una reforma agraria más ágil pero no cuestiona la legislación de tierras del país que dispone la compra de las tierras no cultivadas a precio de mercado para distribuir entre los campesinos sin tierra. La fuerza del MST no deriva tanto de la radicalidad de su demanda por la tierra sino de sus métodos de ocupación de la misma para forzar la reforma agraria y de sus métodos de gestion comunitaria de las tierras asentadas por ellos, así como su concepción socialista de una economía donde los campesinos pueden alcanzar su pleno desarrollo. Su preocupación con la tecnología agrícola de punta, por las cuestiones ambientales y por la educación de sus cuadros y de sus hijos los colocan a la vanguardia de la sociedad brasileña. Sus principales banderas de lucha se resumen en: tierra, aguay semillas, en el la pugna por la soberanía alimentar en Brasil. Ellos se preparan así para enfrentar las transnacionales agroindustriales en una perspectiva de largo plazo que choca a los conservadores brasileños.
Es necesario resaltar sin embargo un fenómeno nuevo que hace posible esta concepción de largo plazo del Movimiento de los Sin Tierra: ellos cuentan con el fuerte apoyo de la pastoral de la tierra en Brasil. La Iglesia ha decidido que no puede entregar el más grande país católico del mundo a la saña de las elites explotadoras de este país. Una revolución social anti-católica sería un golpe definitivo en el catolicismo como religión con pretensiones de universalidad.

La cuestión Étnica

En esta fase se incorporan cuestiones totalmente nuevas: El indigenismo, no solo visto como tal sino como una crítica cultural campesina, donde el campesinado reivindica también su conservación y no simplemente su eliminación en una sociedad superior. La cuestión étnica se presenta en dos vertientes diferenciadas, la cuestión étnica campesinaindígena y étnica campesina-negra. Es necesario hacer una distinción entre ambas tendencias porque los negros formaron un movimiento fundamentalmente campesino, que asumió la lucha contra el esclavismo, contra la dominación española en Cuba, participó en la revolucion cubana y los procesos de liberación de otros países en la región. Los negros se organizaron con mucha facilidad y llegaron a constituir una parte importante de ese movimiento obrero no-europeo, no-socialista, pero encuadrado en esa vertiente populista. A pesar de que los comunistas consiguieron en algunos lugares una base importante en el movimiento negro, siempre negaron la especificidad de este movimiento y estuvieron contra la idea que asumiese una forma específica. La propuesta siempre fue que ellos se incorporaran a las luchas por las libertades civiles, negando de esta forma su contenido étnico. Esta visión étnica de la cuestión negra solo se va a proyectar a partir de la década de los 60, teniendo como una de las referencias principales al "black power" en Estados Unidos, donde se produce una ruptura con la visión de los derechos civiles, y los negros sostiene que no quieren ser iguales a los blancos, por lo tanto, sus luchas no son por la igualdad con los blancos sino por el derecho de ser negros. Esta perspectiva se expresa en la idea de "black beautiful".
El contenido étnico del movimiento indígena renace en los años 70, cuando los indígenas reivindican sus orígenes como una estructura ideológica para las luchas sociales contemporáneas, y exigen el liderazgo de los movimientos guerrilleros. El indigenismo aparece fuertemente en América Latina en los años 70 en las luchas guatemaltecas donde dejan claro que la guerrilla estaba dirigida por indígena, a pesar de la participación externa, siempre subordinada al liderazgo indígena. Esta vertiente va a tener una cierta expresión en México, que luego va a tener una manifestación especial en el zapatismo, donde la vertiente indígena asume el carácter de una postura ideológica propia, que tiene su inspiración indigenista pero tiene también un objetivo universal. Este reconocimiento e identidad indígena americana es un fenómeno muy profundo y expresivo, que pretende también ser mundial: indígenas de diferentes regiones del mundo, buscan formar un movimiento donde el indigenismo tiene que ver con una postura ecológica, de una relación fuerte con la naturaleza, con una ideología opuesta al capitalismo y también las vertientes estalinistas del marxismo, pretendidas fuerzas progresistas que ven el progreso como un camino eliminador de las formas anteriores.

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9 de julio del 2007. Cae nieve en Monte Grande

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